UN SÁBADO DE PRIMAVERA

Llegó el Primavera, la luz musical, el verano, los festivales… fue sólo un sábado. Suficiente para entender la razón de su caché, tanto dentro, como fuera del país.

Una organización perfecta. Un recinto inmenso. Una ubicación privilegiada con rincones idílicos. Un cartel absolutamente magnífico.

El festival lo tiene todo.

La (nuestra) tarde empezó en el escenario Ray-Ban, con poco público y mucho calor. Los catalanes Refree y su pop bañado de folk y jazz, fueron la primera parada.

Sin embargo, sería en el escenario Vice, un lugar mágico rodeado de agua y barcos, donde empezamos a entrar en calor. Atleta se encargó de ello. Había escuchado su nombre en alguna ocasión – siempre con referencias positivas- pero no esperaba encontrarme tal demostración de fuerza, pasión y música. Un dúo -batería y guitarra apoyados en bases electrónicas- suficientemente potente como para dejarnos con la sensación de que Atleta, podía -y debía- haber tocado más tarde. Es una banda válida para reventar las últimas horas de un festival. Increíbles.

La segunda parada destacable fue Jeff Mangum (ya que apenas vimos el show de Sharon Van Etten). No lo conocía -qué importante es ir a un festival con sabios melómanos- y menos mal que acudí a su concierto en el Auditori.

El cantante de Neutral Milk Hotel (poco comprendidos en sus inicios y convertidos en grupo de culto después), se presentó en solitario ante un recinto que casi rozaba el lleno. Una silla, cinco guitarras y, sobre todo, su voz (¡qué bien desafina!). Herramientas suficientes para hacer vibrar al respetable.

Antes de comenzar se pidió, por expreso deseo del artista, que no se grabase ni fotografiase nada de su show. Parecía un arranque distante, frío. Al contrario. La primera referencia al público fue para pedir que, quien quisiera, se acercase al escenario. El resultado; una multitud en torno al americano que hizo que el ambiente fuese todavía más especial.

Al salir, Kings of Convenience. Finos, suaves. Quizás los Simon and Garfunkel del siglo XXI. Una música agradable en un horario acorde.

Una de las sorpresas del día fue Inborn! Los luxemburgueses tocaron en el escenario Adidas -dedicado a las promesas emergentes-. La puesta en escena de la banda es magnífica. Pasión desorbitada y fuerza, mucha fuerza. Actitud punk acompañada de una rebosante electrónica rasgada por guitarras e innumerables capas de sonidos. Geniales. A quien le guste este género tendrá que tenerlos muy en cuenta.

Breve fue nuestro paso por Forest Swords, propuesta electrónica de la que no pudimos sacar muchas conclusiones pero que tampoco tuvo el gancho suficiente como para hacer que nos quedásemos más.

Sin embargo los rusos Trud -también en Adidas-, a los que sólo vimos durante dos o tres canciones, fueron capaces de dejarnos con un buen sabor de boca con temas directos a caballo entre en el post punk y el punk más genuino.

Porque Trud vino después de Beach House. Para ser más exactos, cuatro canciones después. Nadie pone en duda su calidad musical, su calidez sonora… todo el mundo les esperaba con ansia y no defraudaron. Pero en ese momento el cuerpo no pedía Beach House. Quizás un sacrilegio…

Tras un brevísimo paso por Dominique A (sólo su última canción), decidimos repartir nuestro tiempo entre Off! y Chromatics. Escenario Vice y Pitchfork. Uno junto a otro. La propuesta de Off! es absolutamente dura… tan dura que se comía el sonido de Chromatics.

Pero a pesar de la violencia sonora de Off!, Chromatics no quedó eclipsado. Una electrónica pausada y cargada de sensualidad en un concierto más que notable. Para algunos, una sorpresa a tener en cuenta.

Yo La Tengo fue el siguiente. Nunca les había visto en directo. Tampoco es un grupo al que haya prestado mucha atención (aun sabiendo que son un “clásico”). Concierto tranquilo que parecía empezar a entonarse cuando pusimos rumbo al momento álgido del día…

JUSTICE. Con mayúsculas. Pepinazo tras pepinazo. Un show sin descanso en el que apenas había tiempo para coger aire. No recuerdo haber botado y bailado tantísimo. Un sonido perfecto (a un volumen altísimo) en el que los graves fueron los protagonistas. Repasando sus grandes temas, los franceses pusieron patas arriba el Primavera. Increíble momento… de esos que no se olvidan jamás y en los que cada segundo cuenta.

Parecía difícil poder mantener tal estado de euforia, tal éxtasis. Pero ahí estaba Neon Indian con un incombustible Alan Palomo. La banda del de Texas fue uno de los motivos por los que me animé a ir el sábado. No defraudaron. Si bien el sonido de los primeros temas no era el mejor, pronto lo solucionaron para dar un bolo más que notable. Una propuesta electrónica cargada de influencias ochenteras que, a pesar de no ser comparable al violento rock electrónico de Justice, no desentonó rozando las cuatro de la mañana. Disfruté. Mucho.

La última parada fue DJ Coco, quien salpicó su sesión con temas de Arcade Fire, Strokes, Sonic Youth, NOFX… eclecticismo musical con el que terminó nuestro día en el Primavera.

El único “pero”… no haber podido ver a Pional. Una pena.

Impresionante festival, quizás menos asequible económicamente que el resto, pero bueno, muy bueno. La calidad se paga.

Volveré en 2013.

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2 comentarios sobre “UN SÁBADO DE PRIMAVERA

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