OPTIMUS ALIVE 2013. TRES DÍAS MÁGICOS.

Brutal. Empezar así una crónica no es fácil al hablar de un festival. Pero sí, lo ha sido.

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La organización es muy correcta. Entrada larga por el paseo marítimo de Algés, a no más de diez minutos en tranvía desde Lisboa. Accesibilidad muy correcta, fácil. El único pero, los problemas para ir al baño en momentos puntuales (por ejemplo, entre conciertos). Hay que habilitar otra zona, por ejemplo, a la izquierda del escenario principal (este año, Optimus).

Viernes 12.

Arrancaba el festival con Stereophonics, uno de esos grupos que se siempre se asociarán al movimiento de los noventa. Los galeses hicieron lo que tenían que hacer. Una ejecución perfecta acorde con su estilo. Ni más ni menos. Una manera más que correcta de arrancar un festival que tuvo en Dakota, su punto álgido.

Lo que restaba de la primera jornada iba a ser memorable.

Two Door Cinema Club encendió la mecha con un bolo que arrancaba con Sleep Alone y terminaba con What You Know. El tránsito entre ambas fue una absoluta sucesión de hits y éxito rotundo que dejó al público muy satisfecho. Los norirlandeses se han convertido en esa banda que despuntó hace apenas cuatro años pero que da la sensación de llevar en la brecha toda una vida.

AlunaGeorge era el siguiente objetivo. El dúo formado por los londinenses (Aluna Francis y George Reid) no tardó en hacer bailar a todo el Palco Clubbing. La sensualidad combinada con esos ritmos drum & bass y R&B salpicados de electrónica que tanto están pegando últimamente (en esta edición del Optimus hubo y mucho).

Green Day… una de esas bandas que por su evolución en los últimos años, no apetecía ver demasiado. El festival estaba plagado de adolescentes con camisetas de los californianos y todo daba mucha pereza. Al contrario, el concierto se convirtió en uno de los mejores momentos del festival con un repaso a toda su carrera y una entrega total.

Tras la explosión hormonal era el turno de una propuesta parecida a la de AlunaGeorge. La también británica Jessie Ware encandiló con su R&B, garage y trip-hop con un sonido realmente limpio.

Y llegaban dos de las bandas más relevantes del panorama mundial ubicadas es un escenario más pequeño del que merecen pero, a la vez, mucho más agradable para ver un concierto. En primer lugar, Vampire Weekend. Nunca defraudan. Un sonido increíble en un paseo magistral (y ecléctico) por sus tres discos con un Palco Heineken absolutamente entregado a los de Nueva York. Geniales.

Y otros de los grandes, Crystal Fighters (solapaban a Disclosure, una pena). También ubicados en el mismo escenario, lo dieron absolutamente todo. Entre los neoyorquinos y ellos, la fusión musical fue total. Ritmos combinados que que transportan a mil y un lugares del Mundo. Otro de los momentos álgidos con la txalaparta como protagonista.

El broche lo puso Redlight, dj y productor británico, que prolongó la emoción del final de un primer día que había estado plagado de nombres increíbles. El mejor momento fue el Get Lucky, tan odiado ya por muchos pero que sigue levantado pistas.

Sábado 13.

Había que darse prisa para ver a uno de los objetivos del festival, DIIV. Madrugadores (17:45), los estadounidenses dieron un concierto con un sonido oscuro, más bien sucio, pero brutal. Disfrutaron en el escenario y se vio cómo agradecían a la gente el estar allí y el sentirse tan arropados. Son conscientes de su precocidad y agradecen las muestras de cariño.

Era una de las bandas que más ganas tenía de ver y no defraudaron. Si vienen a España, allí estaré.

En el escenario Clubbing iba a asistir a una de las sorpresas del festival, Switchst(d)ance. El portugués, residente del Lux (discoteca puntera en Lisboa perteneciente a John Malkovich) se curró un set repleto de música de calidad.

Viendo unas canciones a Wild Belle puedes sacar varias conclusiones. Una, tocan muy bien. Dos, suenan aún mejor y tres, son aburridos para un festi pero sirven para ir entrando en calor. Eso sí, después del huracán DIIV, la sensualidad del reggae, ska, rock de los de Chicago quedó un poco eclipsada.

Sí, llegaba otro momento álgido. How To Dress Well. Sin duda, el concierto más campechano del Optimus. Tom Krell está detrás del proyecto. Acompañado por un programador que además toca el violín, pusieron toda la pasión posible para culminar uno de los momentos de mayor comunión del festival (aunque la afluencia de público no fuese excesiva). Conversaciones y guiños, parones, confesiones… Y una entrega máxima. Sorpresón.

El segundo día de escenario principal regresaba con Editors. Menuda decepción. Comenzaron fuertes pero entraron en una monotonía de la que no supieron salir. Buena calidad musical pero un concierto realmente monótono.

Cinco canciones y rumbo a Flume. Otra sorpresa. Sorpresón. El de Future Classic tuvo a todo el público a sus pies. Los australianos, enloquecidos. El resto, también. Lo que suena a continuación fue el momento más aclamado.

¡Depeche Mode! Qué no, que puede sonar bruto y herir conciencias pero los DM no son uno de mis grupos de referencia. Sí, soy muy de sus clásicos pero nada más. Nunca lo he sido. Pero… ¡Qué concierto! Si bien la primera hora fue un tanto tranquila -aunque brillante-, la segunda estuvo cargada de épica y fue uno de los tres mejores bolos del Optimus de 2013. Vaya energía.

La marea humana después del concierto fue increíble. Incluso agobiante. El momento de mayor afluencia del festival.

Apenas era posible moverse así que nos quedamos a ver a 2ManyDjs. Sí, molaron, pero demasiada zapatilla. Eché de menos más clásicos o un rollo más indie. Su mejor momento fue con MGMT. Deberían haber seguido en esa línea.

Y de ahí, a Crystal Castles. El colofón final. El más épico. Alice totalmente entregada, lanzándose al público y sufriendo las consecuencias de una masa revolucionada.

Sonaron muy bien y fue un broche magnífico para una jornada que había tenido momentos para recordar siempre.

Domingo 14.

Con Jake Bugg arrancaba el último día del Festival que hasta ese momento había sido un auténtico éxito a nivel de sonido. El hermano pequeño de Alex Turner, sin mucho gancho, hizo un concierto correcto pero no será, ni mucho menos, recordado como uno de los momentos álgidos del evento lisboeta.

Uno de los conciertos más esperados (y se notó por la afluencia y entrega de público) era el de Of Monsters and Men. Desde el primer momento sonaron impecables. La puesta en escena fue absolutamente apabullante y resultó un triunfo. Y es que ese escenario iba a dar muchas alegrías en la última jornada de festival.

No terminamos el show entero porque el Palco Optimus aguardaba con tres de las bandas más esperadas. El final no iba a decepcionar.

Los primeros fueron Tame Impala. Los australianos hicieron lo que saben. Un rock psicodélico con un último tema de más de seis minutos que nos dejó con ganas de más. Un pero, eso sí. El volumen era menor de lo que hubiese debido. ¿Ellos? ¿La organización? Con todo, menuda bandaza. En una sala pequeña y con sus proyecciones a lo Windows Media, el viaje puede ser brutal.

Llegaba el turno de Phoenix, sin duda, la banda que más ganas tenía de ver. Debían una a Lisboa (hace unos años cancelaron su bolo en el Optimus) y no defraudaron. Desde el primer momento te enganchan y al igual que en el Primavera (y resto de la gira) arrancaron con Entertainment. Cuando el single apareció, no entendí el cambio. Incluso lo critiqué pero ahora, es uno de los temas que más amo de Bankrupt.

El show se movió por un sonido absolutamente espectacular en el que no hubo momento para poder dejar de moverse. Demostraron la banda que son y el lugar que ocupan actualmente. Sin duda, una de las más relevantes del panorama mundial.

Los norteamericanos Kings Of Leon eran otros de los más esperados. Un concierto largo y en el que repasaron algunos de los mejores temas de su ya dilatada carrera. La gente disfrutó y se entregó. Ellos, también.

Abandonamos el escenario principal para ir terminar la noche y el festival en el Heineken. Más recogido y acogedor. Familiar. Y eso se notaba. Porque además, el resto de conciertos que iban a poner el broche al Optimus iban a caldear tanto el ambiente, iban a gustar tanto, que consiguieron crear un ambiente absolutamente increíble.

Alt-J fue difícil de superar y posiblemente esté entre los tres mejores shows de las tres jornadas. Absolutamente increíbles. Un sonido realmente limpio y una ejecución sonora brutal.

No hace falta decir mucho más.

Para vivirlo.

Django Django, otro de los caramelos del cartel. Los británicos parecían no haber convencido en el Primavera pero aquí lo dieron todo. Su eclecticismo musical enamoró a todos los que estuvimos allí. Nos hizo bailar y disfrutar con cada acorde. Momentos más rítmicos alternados con otros más relajados pero siempre con esa tensión que hace que sea imposible dejar de moverte. Conciertazo.

El Optimus estaba acabando realmente bien. Un festival en el que todo había fluido tanto social como musicalmente. Porque al final un festival es música pero también convivencia y, en este, ha existido de verdad.

El broche más bruto lo pusieron The Bloody Beetroots. Escogimos el live en lugar de la sesión de cierre del Palco Clubbing de Alex Metric. Ellos son mucho más violentos, está claro, pero pusieron patas arriba la Carpa Heineken. Una entrega digna de alabar, tanto de público como de la propia banda. Comunión total y locura final para acabar un festival mágico.

¡Volveremos!

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