PLACEBO, UN PEDAZO DE HISTORIA EN LOGROÑO

Llegaba Placebo a Logroño y con ellos llegaba lo que para muchos (me incluyo) era un sueño.

Los británicos (para los que ya pasamos los treinta) son una de nuestras bandas de la adolescencia, de esas de las que machacabas sus letras para extraer sentencias que sirviesen para el amor, la amistad, o la propia vorágine de la adolescencia con sus altos y bajos. Así que creo que, teniendo en cuenta todo lo anterior, será complicado que no aflore el sentimiento fan a lo largo de estas líneas.

Y es que el sábado seis de mayo estaba grabado a fuego desde hace unos meses. Iba a ser un día de emociones que arrancaron desde el momento en el que supimos que éramos los elegidos para albergar uno de esos cuatro conciertos estatales siendo, además, el referente en el norte. Y es que, que los británicos pasasen por Logroño y nos pusiesen en el mapa musical mundial, ha sido todo un acontecimiento para la ciudad.

Quién sabe si se abre un camino que pueda traer muchos más eventos de este tipo. No debemos olvidar el esfuerzo que hacen las salas pequeñas (Biribay, Menhir, Stereo, Maldeamores…) y los festivales (Actual, MUWI) por ofrecernos música en directo. Por supuesto, esa “música” que no está dentro del circuito comercial. Y de repente aparece Promociones Iregua (referente en la promoción musical en la ciudad pero con más presencia en otros estilos) y  apuesta por traerse a Placebo. Dimamita (eso sí, habrá que ver cómo “explota”, si positiva o negativamente, porque la respuesta del público y su correspondiente traducción en euros dirán si este tipo de iniciativas merezcan la pena en un futuro -ojalá sí-).

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Vamos a lo musical.

Estudiando los playlists de sus conciertos anteriores de la gira del 17, cabía la duda de si, como en Granada, iban a ser veintitrés temas o, como en Lisboa, veinticinco. Space Monkey iba a ser la clave. Si sonaba, nos íbamos al pack completo. Y sonó. Por delante, más de dos horas de disfrute musical.

Y es que tras los veinticinco temas, la sensación general es que Placebo vino y triunfó.

Puede ser que la intensidad de la primera parte del concierto no fuese la que esperábamos (quizás más relajado). O puede ser que echásemos de menos un buen puñado de hits (Every You Every Me, Black-Eyed, English Summer Rain…). Pero lo que pudo ser, y fue, es un concierto de calidad supina. Un espectáculo que mostró la madurez de una banda a la hora de interpretar (en ocasiones, con un aire muy distinto al original) sus clásicos. Un bolo de tal calibre que muchos intentamos echar la vista atrás preguntándonos si si alguna vez el Palacio sonó como lo hizo el sábado. Alucinante.

Como alucinante fue el show en general, relajado o no, digno de una súper banda como lo es Placebo. Visuales, sonido, entrega… No sé si esto que voy a escribir será demasiado pero el día seis de mayo vivimos un pedazo de la historia musical de Logroño.

En un futuro podremos decir eso de: Yo vi a Placebo en Logroño.

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